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El momento actual, desde mi perspectiva (atinada o desatinada).

Día de la bicicleta, tiempo de ganarse el respeto

Conforme crece, cualquier adolescente debe demostrar que se ha vuelto responsable, para ganarse el respeto de los mayores. Es hora de que los ciclistas demuestren madurez para conseguir el respeto de choferes, peatones y autoridades.

Bicicletas UNAM

[Alcance geográfico: Ciudad de México, México (República) y Latinoamérica] [Tema: Ciclistas y convivencia ciudadana] [Advertencias: 1. Artículo de propuesta y crítica. 2. Artículo largo, para buenos lectores]

Antes de cualquier preámbulo, aquí va una propuesta: Darle a las bicicletas un claro estatus legal y tomar las medidas necesarias para que los ciclistas se comporten como ciudadanos con responsabilidades serias y gocen de derechos plenos.

La motivacion de esta propuesta se debe a que, hasta el momento, las bicicletas son consideradas como juguetes, artículos recreativos o medio de transporte de gente con un estilo de vida alternativo. Pero no son consideradas como vehículos comparables a un automóvil. Por lo menos eso es lo que observo que ocurre en México.

Por ahora, los ciclistas carecen de la educación suficiente para cumplir sus obligaciones y, por lo tanto, no están en condiciones de exigir sus derechos. Los ciclistas deben saber que una bicicleta es considerada legalmente un vehículo y, por lo tanto, deben ceñirse a los reglamentos de tránsito.

Un “choro” de preámbulo (Si quieres, sáltatelo y ve al siguiente subtítulo).

Antes de avanzar más en este tema, he de confesar que siempre quise dedicarme profesionalmente a los automóviles: diseñarlos, ayudar a construirlos o escribir sobre ellos. Y a pesar de que he vivido por muchos años de la industria de los autos, nunca he dejado de soñar con vivir un lugar en el que pueda desplazarme en bicicleta a mis actividades diarias.

Desde que aprendí a andar en bicicleta, la convertí en uno de mis objetos de adoración. Siendo un niño, podía pasar pedaleando el día entero durante las vacaciones. A veces emprendía largas incursiones en los campos despoblados que colindaban con mi barrio, que luego serían ocupados por otros nuevos barrios y complejos comerciales.

En mi adolescencia no perdí la costumbre de pedalear, y no la abandoné cuando entré a la universidad, ni cuando conseguí mi primer trabajo formal. Al trabajo y a la universidad iba cuantas veces podía en mi bicicleta.

De las cinco bicicletas que he tenido, la tercera fue la que más kilómetros recorrió. A esa bicicleta no sólo le cambié llantas, cámaras, cables y zapatas de frenos, sino también la tijera delantera, el sistema de transmisión completo y hasta el cuadro, ya que éste se acabó rompiendo por el uso. Las únicas piezas originales que sobrevivían eran el manubrio, el poste del asiento, los rines y las manijas de los frenos.

Esa tercera bicicleta me la robaron en el Parque Ecológico de Xochimilco, en el sur de la Ciudad de México. Hacía algunos meses que no había podido usar mi bicicleta, y un día me monté en ella, me puse el casco y salí para liberarme del stress que tenía acumulado. Dentro del parque rodé por la pista pavimentada, relajado por no tener que cuidarme de automóviles. En un extremo solitario del parque me encontré con un peatón que caminaba enmedio de la pista y que, al pasar junto a mí, me dio un empujón, que me hizo salirme fuera del pavimento y hacia un pasto crecido. Un segundo truhán se acercó y, ante mi imposibilidad de huir con mi bicicleta, no tuve más remedio que cedérselas. Más tarde me enteraría de que en esa fecha se celebraba el día mundial de la bicicleta.

Pronto compré una bicicleta para sustituir la que me robaron. Comencé a frecuentar más las pistas off-road del cerro del Ajusco (dentro de los límites del Distrito Federal), que los ejidatarios locales acababan de organizar bajo un régimen de pago por uso. En años más recientes, me hice asiduo de la ciclopista construida sobre las vías del antiguo tren a Cuernavaca. Me gusta esa ruta porque se parece a las carreteras de la mitad del siglo pasado, de las que contaban los abuelos, y en las cuales los automovilistas circulaban tan lento, que podían verse las caras cuando se encontraban de frente.

He dejado de andar en bici por temporadas, debido a las obligaciones laborales; pero, nunca he permitido que haya un distanciamiento prolongado con el objeto de mi adoración. Eso sí, durante mis años de ciclista, nunca he tenido compañeros permanentes, porque casi todos toman el ciclismo como moda o dejan que la vida los aleje de la bici. Actualmente soy usuario asiduo de un sistema de bicicletas compartidas (Ecobici), que uso para ir a citas, compras y trabajo.

Buenas intenciones y la cruda realidad: hay una guerra civil.

Aquellos de ustedes que viven en la Ciudad de México, o la visitan con frecuencia, seguramente habrán notado la revolución del transporte que se ha venido obrando desde hace más de un lustro aquí. Por una parte, se construyó el segundo piso del Periférico (una obra absurda, pero de la cual no hablaré más por ahora) y, por otra, fue inaugurada la primera línea de un sistema estilo Bus Rapid Transit, llamado en la capital mexicana Metrobús.

También se puso en marcha el programa de bicicletas compartidas Ecobici, y el Gobierno del DF organiza frecuentemente paseos ciclistas. Estos dos programas tienen como objetivo promover el uso de la bicicleta, lo cual es en sí un indicio de buenas intenciones, pero las estrategias no son las adecuadas.

Para decirlo bien claro, aplaudo la iniciativa de la Ecobici, pero me declaro en contra de los paseos ciclistas.

Me declaro en contra porque no me parece que un paseo dominical sea un aporte para educar a las nuevas generaciones de ciclistas, que tendrán que usar en un futuro cercano la bicicleta como un medio de transporte, tal vez de manera obligatoria. El error de la estrategia (si se le puede llamar así a algo de lo que no se pensaron las consecuencias) de organizar paseos ciclistas consiste en que la gente asociará inevitablemente la bicicleta con actividades recreativas, de ocio o de ejercicio, no de transporte serio.

Para reforzar el estigma “recreativo” de la bicicleta, éste se implanta en la memoria de los usuarios desde que van a comprarse una bicicleta, ya que estas suelen encontrarse junto a un kayac o una caminadora, en la sección de deportes de los almacenes comerciales.

Si ya era difícil desligar a la bicicleta de su ambiguo estatus de estorbo de las calles o de paria del tránsito, los paseos ciclistas no mejorarán esa imagen, ni harán que sus usuarios tomen plena consciencia de que las bicicleta es un vehículo sujeto a las mismas reglas de los automóviles. Y los ciclistas tampoco conseguirán el respeto que exigen de los conductores de otros vehículos.

Hace algunos meses platiqué acerca del transporte sustentable con periodistas latinoamericanos. Ante la queja de un mexicano, “El otro domingo quería pasar la avenida Reforma y fue un lío, debido a un paseo ciclista”, un periodista colombiano respondió: “Lo único que se logra así es confrontar a los ciclistas con los automovilistas”. La confrontación a la que él se refería existe, y aunque es obvia y la sufrimos todos, los ciudadanos la tomamos como algo cotidiano: en las vías públicas de México se libra una guerra civil, y como tal, es de ciudadanos contra ciudadanos. En esta batalla campal participan choferes de automóviles particulares; taxistas; conductores de camiones ligeros; conductores de camiones pesados y maquinaria; ciclistas; motociclistas, y una larga lista de otros.

Sección de quejas.

Ante el conflicto civil que describo, confieso que a veces siento el impulso de participar bélicamente y salir a las calles con un tanque de guerra. Afortunadamente, sólo siento el impulso, porque jamás me atrevería a comportarme incivilizado en el tráfico. No obstante, me asusta pensar cuánta gente siente el impulso y actúa llevado por sus instintos de agresividad.

En particular, en las últimas fechas he querido apuntar mi hipotética artillería contra los ciclistas, que se sienten como si fueran un caso excepcional en el tráfico. Inconscientes de toda responsabilidad, los ciclistas circulan en sentido contrario en las calzadas; sin cuidado alguno circulan sobre las banquetas; obstruyen los pasos peatonales; se pasan los semáforos en alto, y cometen todo tipo de infracciones al reglamento de tránsito. Se escudan, quizá, en su vulnerabilidad para no cumplir las reglas.

Y así como la estupidez tiene dos facetas, la pasiva y la activa, en un extremo del espectro de la falta de inteligencia están los ciclistas que podrían morir atropellados por cometer una idiotez y, en el otro extremo, los que combinan la imbecilidad con malicia; estos son los “pasados de listos”. Ambos impiden una convivencia armónica en las calles. Ambos son nocivos.

Los peatones y conductores (de bicis, motos, coches, camionetas  o camiones) ahora deben cuidar y cuidarse de la nueva generación de ciudadanos ciclistas, que están preocupados por el medio ambiente, pero que no se ocupan de su entorno inmediato ni del resto de ciudadanos que transitan en la ciudad; ni siquiera se ocupan de cuidar su propia integridad, inconscientes de que, por incumplir las reglas, también ponen en riesgo a los demás.

No menos nocivos son los ciclistas que van tranquilamente paseando por la calle, sin mirar a su alrededor y sin mantener una trayectoria recta, como si fueran en uno de los paseos dominicales que organiza el gobierno de la Ciudad de México. Es cierto que una bicicleta tiene derecho a ocupar un carril en las calzadas, pero debe hacerlo con plena confianza y responsabilidad. Pero, ¡vaya!, incluso en un parque o en una calle cerrada a los automóviles, sería conveniente mantener un pequeño grado de orden. Cada que veo inocentes ciclistas paseadores en las vías públicas, recuerdo aquel día mundial de la bicicleta, cuando yo paseaba cándida y despreocupadamente en Xochimilco, y que por ir distraído me robaron la bici. En las vías públicas, las distracciones pueden tener peores consecuencias.

También manifiesto mi desacuerdo en utilizar las carreteras de doble sentido para que entrenen los aspirantes a Lance Armstrong, que llevan un coche o camioneta atrás, resguardándolos y obstruyendo el libre paso de otras muchas personas. Cuando me encuentro estas caravanas avanzando a 5 km/h en carreteras con límites de 60 km/h, inevitablemente pienso que debe existir algún dios, que por milagro los mantiene a salvo. Estoy en desacuerdo porque una actividad de esparcimiento no debería anteponerse a la seguridad propia y de los demás, ni tampoco obstaculizar el libre paso de los demás.

En mi inventario personal de vehículos de los que hay que cuidarse, ahora se encuentran las bicicletas. Estamos ante una nueva generación de ciclistas que carecen de consciencia, incluso para proteger su propia integridad física. La integridad de los demás tampoco parece importarles.

Es un error común de los ciudadanos exigir sus derechos sin dar a cambio un elemental cumplimiento de sus obligaciones. Los malos ciclistas, igual que los ciudadanos inconscientes, deberían ganarse el respeto antes de salir a exigirlo sin merecerlo.

Al parecer, los mexicanos estamos condenados a vivir caóticamente, víctimas de nuestra propia incapacidad para convivir de manera armónica.

Un último consejo: Un buen ciclista debe pensar como si fuera a bordo de un automóvil y, por lo tanto, debe ajustar sus recorridos como si condujera un automóvil: seguir el sentido de las calles y respetar todas las demás reglas de tránsito. Es por su propio bien y por el bien de todos.

La propuesta desglosada.

Por lo anteriormente expuesto, propongo lo siguiente para la Ciudad de México:

1. Poner en marcha un registro de bicicletas, ligado a un número de serie del cuadro (y si no lo tiene, grabarle uno, a modo de VIN). Ahora mismo, este registro sería complicado y costoso de hacer, pero resultará imposible dentro de algunos años, en medida de que proliferen más las bicis. Entonces, cualquier intento de empadronarlas será una tarea titánica.

2. Que las bicicletas porten matrículas de circulación, para que sus usuarios tengan plena consciencia de que son vehículos sujetos obligatoriamente a las mismas reglas de tránsito de los automóviles.

3. Echar a andar una fuerza policiaca ciclista, la cual esté capacitada y se encargue de hacer que los usuarios de bicicletas cumplan las reglas.

4. Implantar una revisión técnica para las bicicletas, con el mismo esquema que las verificaciones obligatorias de automóviles, para asegurarse de que cumplen las normas de seguridad.

5. Poner en marcha programas de educación vial en las escuelas de niveles básico y medio. Que estos programas traten a la bicicleta como un vehículo, no como un juguete que se regala de Navidad o de cumpleaños. Posteriormente, esta educación vial sería útil para conducir cualquier vehículo. Estoy plenamente convencido de que, si un ciclista aprende a hacer lo correcto, se convertirá en un buen ciudadano cuando conduzca una moto, coche o camión.

6. Instalar cámaras que “cachen” infraganti a los ciclistas infractores (las placas serían la forma de identificar a los infractores).

El registro de bicicletas, la fabricación de matrículas, la revisión técnica y hasta la policía ciclista y las cámaras, pueden solventarse mediante las multas y las cuotas de los mismos ciclistas.

Epílogo.

La bicicleta ofrece la alternativa más racional ante los futuros problemas de vialidad. Es bien conocido que México se está convirtiendo en un país urbano. Según datos del INEGI, en 1950, cerca de 43% de la población mexicana vivía en ciudades. Sesenta años después, en 2010, la proporción de habitantes que viven en áreas urbanas había llegado a casi 78%. Una tendencia similar ocurre en el resto de países del mundo. Para leer más datos al respecto, consultar el Diagnóstico de la movilidad en la Ciudad de México.

En contraste, el automóvil de uso personal, predominante hasta ahora, no ofrece un futuro sustentable. Está plenamente comprobado que la infraestructura para los automóviles es muy costosa de mantener y ampliar. En cambio, las bicicletas, mucho más ligeras y menos estorbosas, pueden circular por vías más angostas y que requieren menos mantenimiento que aquellas por las que transitan los autos y camiones.

Lo repito: la bicicleta es el futuro de la movilidad, junto con el transporte colectivo y los vehículos eficientes. En ese futuro deberá haber usuarios que demuestren ser responsables, para poder exigir sus derechos.

A few opinions from this blog entry were used for Global Voices (link below) and were translated to English, Polish and Italian.

On this regard, I have to correct an inaccurate translation:

“Even if it sounds like an ideal program, not every cyclist in Mexico City supports it. In the blog Prosa Poderosa (”Powerful Prose”) an anonymous blogger explains why he is against the “Ecobici” strategy”.

These words are inaccurate cause I’m not against the Ecobici strategy. On the contrary, I embraced the Ecobici system and really love it. I’m user of it since 2011.

What I don’t support are the Sunday morning recreational rides (“especially on Sunday mornings when City Hall closes major roads to gives the right of way to cyclists”). Find bellow what I wrote:

“To put it clearly, I applaud the Ecobici initiative, but I am against the organized cycling (Sunday) rides”.

My apologies if my description wasn’t clear enough.

P.S: Somewhere in my blog, my name appears: Rogelio Rivera-Nava (I’m not anonymous).

Mexico City Netizens Celebrate World Bicycle Day [En]

Mexico City Netizens Celebrate World Bycicle Day [En]

Internauci z Mexico City obchodzą Światowy Dzień Roweru [Polish]

Città del Messico: giornata mondiale della bicicletta [Italian]

4a. revisión: 2 de julio de 2012.

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Cómo convertirse en un rockstar de las redes sociales

Qué hacer para destacar en los vecindarios y aldeas virtuales.

[Alcance geográfico: México, el infinito internetero y más allá] [Tema: Sociedades virtuales] [Advertencias: 1. Artículo para reírse de uno mismo. 2. Contenido altisonante. 3. Artículo largo. 4. Artículo plagado de localismos mexicanos 5. Aliméntate sanosa y sabrososamente]

Alguien me contó que en un coctel-conferencia de prensa conoció a un individuo que decía ser tuitero. Si alguien le preguntaba a dicho individuo para cuál medio trabajaba o a qué se dedicaba, la respuesta era la misma: “Soy tuitero”.

Con este relato me imagino a un hipster extendiendo la mano con su tarjeta de presentación, que seguramente sería de un formato “original”, hecha en casa, y que diría: “Fulanito de Tal, tuitero profesional”.

Quien me contó la anécdota confirmó que aquel tuitero se ajustaba a la descripción de un hipster. Me lo comentó mientras se quejaba de que, de la noche a la mañana, la gente que cubre noticias de productos comenzó a compartir los cocteles y conferencias de prensa con tuiteros, blogueros y demás tribus de redes sociales.

Esos nuevos invitados son rockstars de las redes sociales, llamados simplemente rockstars a lo largo de este relato.

¿En qué consiste ser un rockstar sin saber cantar, tocar guitarra ni otro instrumento musical?… Aquí podría protestar un rockstar de las redes sociales y decir que sí sabe tocar instrumentos. ¿O qué carajos son los que vienen en la voluminosa caja del Rock Band o Guitar Hero?

Estos nuevos merodeadores del ciberespacio son considerados personas valiosas, no sólo ante la vista de sus muchos groupies, sino también ante los mercadólogos o publirrelacionistas, ya que la influencia que ejercen los rockstars en las redes sociales se traduce en difusión (barata). Las empresas pueden prestarles productos y, a cambio, los rockstars escriben de ellos; no importa si bien o mal, porque lo importante es la difusión. Escribirán con o sin paga, según la cantidad de groupies que los sigan.

Anatomía de un rockstar de las redes sociales.

Un rockstar de las redes sociales es semejante al prototipo del hombre del renacimiento: multifacético, multi talentoso y experto en todo. Es un líder de opinión, ducho en política, cultura, religión, diseño, arte, psicología, parapsicología, ciencias paranormales, cine, astronomía, neurocirugía y hasta orientación sentimental. También puede fungir como un orador ante multitudes que, al final de su discurso le pedirán, no romper la guitarra, sino el establishment.

¿Pero cómo ser un rockstar de las redes sociales? Para ser sinceros, tal vez tú nunca serás uno (mucho menos quien esto escribe). Estadísticamente, los que ahora son rockstars comenzaron sus pasos en redes que, tiempo después, vendrían a menos; por ejemplo, Second Life o Hi 5. Los rockstars se afilian a las redes exitosas y, cuando “ya todo mundo está ahí”, cierran su cuenta y abren otra en la nueva red de vanguardia.

Si eres un personaje famoso, tu camino al estrellato internetero será más corto. Pregúntenle, por ejemplo, a Carlos Slim, quien tiene una cuenta en Twitter y, sin haber escrito un solo tweet, acumulaba más seguidores que pecados cometió Marcial Maciel.

Y como toda mujer sabe, un escote o un poco de lenguaje sugerente (dirty-talking) consiguen puntos adicionales a la hora de reclutar hombres calenturientos, quienes seguirán a una rockstar como perros en celo. Acumulará aún más puntos aquella rockstar que esté guapa/buenona. Triple play si la rockstar es famosa, buenona y cochinona para escribir.

Un punto en común que comparten los rockstars de las redes es la constancia. Si tienes una cuenta de Twitter y apenas has escrito 100,000 tweets, olvídate de alcanzar al Olimpo de las redes sociales. Esto lleva a la:

Regla número 1 para ser un rockstar: Escribir actualizaciones tantas veces como sea humanamente posible.

Un rockstar se reconoce porque tiene un smart phone pegado a la mano y lo revisa cada minuto. Ok, esto mismo hace un oficinero venido a más, al que le dieron un Blackberry en el trabajo; pero hay diferencias entre ambos. El rockstar no viste traje ni corbata (a menos que tenga ondita) y sólo usará un Blackberry si no tiene otra alternativa. El gadget preferido de un rockstar corre iOS, Android, Symbian o, en casos de urgencia extrema, Windows Mobile.

La llegada de los smart phones, permitió que los rockstars estuvieran al pendiente de las redes sociales las 24 horas del día. Diríamos que entonces los rockstars comenzaron a convivir con la gente; pero, al parecer, los rockstars necesitan de los demás seres humanos únicamente para conseguir inspiración, que les dará material para escribir actualizaciones.

El concepto de “tiempo real” se redefinió ante la velocidad y la frecuencia con la que un rockstar escribe actualizaciones.

Los rockstars sueñan con el día en el que las leyes del trabajo protejan el derecho de escribir, compartir fotos y responder los comentarios en sus redes sociales a todas horas. Dichas leyes permitirían demandar por mobbing a cualquiera que ose prohibirles su constante (y valiosa) participación en las redes.

Un verdadero rockstar jamás descansa: actualizará su geolocalización con frecuencia; compartirá sus reacciones emocionales ante cualquier suceso que viva durante el día; escribirá los sueños que interrumpan su descanso, y dirá qué está comiendo o bebiendo; esto último, de preferencia cuando esté en un lugar fino.

Un rockstar no dejará de actualizar su estado ni siquiera en un concierto o en el cine, ni cuando tiemble; porque, ¿para qué son los momentos si no se pueden compartir con sus muchos groupies?

Ya en la película Ed TV se planteaba que el único lugar sagrado y de intimidad era el cuarto de baño, al cual no entraban las cámaras indiscretas. Pero eso no impide que un rockstar escriba desde el “trono de porcelana” lo que se le ocurra, a pesar de que por la mente del rockstar sólo haya cabida en esos momentos para la generosidad de sus esfínteres o el tipo de material “entregado”: un crayon (porque pinta las paredes), de pintitas (porque salpica) o de barquillo de helado. Cualquiera que sea el tema compartido, deberá hacerlo con gracia, y es por ello que resulta importante cumplir la:

Regla número 2 para ser un rockstar: Escribir con ondita.

Un rockstar debe ser un maestro en el arte de escribir con ondita. El ingenio funciona, ya sea propio o ajeno. Otro método fácil es el sarcasmo y, a falta de éste, la autocrítica y la burla de sí mismo son una salida fácil para atraer groupies. La crítica y burla (con moderación) hacia los demás, también son útiles.

Los rockstars son una raza aparte, y algún día, algún científico descubrirá que comparten un gen, tal vez el de la verborrea. Precisamente esta es la:

Regla número 3 para ser un rockstar: Escribir todas sus vivencias.

Es un requisito indispensable que el rockstar escriba sus vivencias, interacciones con plebeyos de la red, emociones, notas mentales, chaquetas mentales, divagaciones, mariguanadas y todo lo que capten sus sentidos.

Un rockstar siempre tendrá algo qué escribir en las redes. En caso contrario, existe la posibilidad de compartir alguna nota de algún sitio (de moda y con ondita, por favor) o lo que escribió algún otro rockstar. Pero lo que los groupies esperan de un rockstar es que éste desnude con sinceridad su alma, como si escribiera un diario personal.

Debido a que los rockstars son todólogos, es indispensable la:

Regla número 4 para ser un rockstar: Adoptar temas, puntos de vista políticos, filosóficos y sociales bien definidos, pero de manera socialmente aceptada.

El rockstar adoptará puntos de vista críticos ante temas o grupos específicos, y emprenderá una cruzada personal contra ellos. Estacionadores (“franeleros”), bancos, gente engreída, partidos políticos o el monstruo terrible llamado tráfico serán los blancos de las agudas críticas del rockstar. Hay un límite: nunca, jamás criticar a grupos vulnerables y, más bien, defenderlos.

Una vez “encanchado”, un rockstar podrá hacer comentarios y chistes políticamente incorrectos. Sin embargo, no debe olvidar que existe una raya que no deberá pasar. Recuerden al payaso Platanito y a Howard Stern.

El rockstar tal vez no usará lentes oscuros ni ropa de marca (o tal vez sí), pero se instala en su estatus de rockstar, por lo cual será fiel a las dos siguientes reglas:

Regla número 5 para ser un rockstar: No hacer peticiones de amistad, sino esperarlas. En Twitter, su lista de seguidores deberá ser más extensa que la lista de siguiendo.

Regla número 6 para ser un rockstar: Seguir de preferencia sólo a otros rockstars.

Hasta entre los perros hay razas. Hasta la basura se separa. Hasta los internautas usan una dirección IP diferente. La actitud lo es todo, por lo que un rockstar buscará ciberamigos a su mismo nivel. Es decir, nunca seguirá a alguien que tenga pocos seguidores, a menos que se trate de un rockstar potencial.

En Facebook, los rockstar aceptarían como amigos sólo a gente interesante (lo harían si siguieran ahí, porque esa red ya está out para los rockstars) y en Twitter tendrán chingomil seguidores (en tal caso, el rockstar es una estrella trinadora, es decir, un tweet star), pero sólo seguirá a gente con muchos groupies. Hay algunas excepciones; por ejemplo, aspirantes que el rockstar sigue porque son amigos o familiares suyos, y les quiere hacer el favor de levantarles el rating.

Además de escribir con ondita, el rockstar debe hacerlo con claros coqueteos al vulgo internetero. Es por eso que seguirá la:

Regla número 7 para ser un rockstar: Nunca escribir en un idioma diferente al suyo.

¿Inglés, francés, italiano, náhuatl, serbio, suajili? Puede que el rockstar domine alguno de estos idiomas o todos –porque seguramente es usuario de Babylon–, pero nunca deberá faltar a una de las reglas de oro de las redes, es decir, uno de los dont’s: nunca de los jamaces (es decir, no f*cking way) escribir en un idioma distinto al de la mayoría de sus seguidores. Es muy presuntuoso que el rockstar muestre pericia con otras lenguas, a pesar de que el rockstar sea hijo de padres de diferentes nacionalidades, que haya aprendido de niño dos o más idiomas, o que en su red haya un número significativo de personas que no hablen su misma lengua natal. Aunque hay una excepción, que parecería contraponerse a la anterior:

Regla número 8 para ser un rockstar: Usar palabras o frases cortas en otros idiomas.

A pesar del cumplimiento de  la regla número siete, es altamente recomendable mezclar palabras de otros idiomas (inglés de preferencia, para que te entienda el vulgo internetero venido a más) con el tuyo propio. Eso es parte de la ondita que debes tener si aspiras a ser un rockstar. La mezcla de idiomas le dará más cachet a tu timeline. Evita estructurar frases complejas en inglés y, más bien, escribe frases cortas; por ejemplo, Meet my new car (mostrar emoción, para que nadie se dé cuenta de que tu verdadera intención es provocarle un quemón de higado a los demás, es decir, presumir), y Having breakfast at (sustituir “at” por el signo arroba “@”, para lograr aún mayor onditez). En resumen, está okey si demostramos complejo de pochos, pero nunca hay que estar acomplejados de ser bilingües. No te vayan a decir biperino.

Es muy recomendable y hasta socialmente bien visto que el rockstar diga statement, en lugar de “declaración”; c’est la vie por “ya ni pedo”; dude en lugar de “individuo”; fuck, por “¡maldición!”; too much information por “me vale pito tu información confidencial”; outfit por “atuendo”, “ropa” o el más populachero “trapitos”; foreveralone, en vez de “ve y búscate una vida en el mundo real”; loser por “fracasado que me caga la madre”; suckea en lugar de “hiede”; so en lugar de “por lo tanto”, y epic por “grande-grandísimo” (aunque no tenga qué ver con literatura (leer la definición de épico)).

Hipster en lugar de “individuo que intenta a toda costa alejarse de lo maistream y, por lo tanto, me caga y va y chinga a su madre”; early adopter por “pobre infeliz que hace fila el día que Apple lanza el nuevo aiWhatever” (y que paga caro por ser de los primeros compradores, y que luego se “fuma” todos los errores de éste y demás nuevos productos); bullshit por “pendejadas”; gag por “broma”, y hater por “pendejo que no concuerda con mis puntos de vista de rockstar”.

No hay que detenerse en el objetivo de hacer que el diccionario inglés-español sustituya a esa pretenciosa y empolvada RAE. Hay que incorporar tantas palabras y frases en inglés y algunos otros idiomas como sea posible, siempre y cuando tengan ondita. Aunque hay un excepción a esta regla, es decir otro don’t: el rockstar debe evitar a toda costa el spanglish de los cholos: “troka”, “los esteits”, “werever”, etc. Modismos de la frontera norte que pueden ser aceptados son, por ejemplo, “man”, “watcha”, “gangsta”, etc., siempre y cuando sean usados con burla y ondita. Claro que si tu red de amigos es de cholos, búrlate del léxico de los chilangos.

Es más, un buen nickname para las redes será uno que resulte de combinar nombres o palabras en español y otros idiomas; por ejemplo: rica_bitch, monsieur_pedote, wiki_regia, fine_young_chompiras, über_chairo, etc. El apodo que te dicen desde la primaria se puede usar, pero siempre y cuando tenga ondita. Si el rockstar es de avanzada, podrá usar en su nickname cuantos signos le dé la gana.

El camino al estrellato tiene atajos: se llaman abreviaturas, y tanto mejor si son en inglés. Por lo tanto, un rockstar no se ríe a carcajadas, sino que se LOLea; no dice “qué carajo”, sino WTF; no dice “para que aprendas, tarado”, sino FYI. ¿Emoticons? Usa los más recientes, horizontales (como U_U) y nunca los verticales, ¡porque estos últimos son del siglo pasado, ¡goeeeeei!

¿Signos de interrogación y de admiración? No importa que el español sea, tal vez, el único idioma que tiene la gran ventaja de contar con los de apertura (¡/¿), además de los de cierre (!/?). Tiene más ondita adoptar la regla de otros idiomas: Hay que usar estos signos sólo al final, aunque nadie sepa cuándo fuckings empezó la pregunta o la emoción. Y entre más signos se junten, más ondita tendrá la frase, gooooeeei!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

El rockstar no debe detenerse en su búsqueda insaciable por añadir neologismos inútiles al español. Puede utilizar cualquier frase o palabra en otro idioma para convertirla en trending wording (¿ven?, sin ser rockstar ya inventé un neologismo). También puede (más bien, debe) usar las muletillas chafas de moda, pero a modo de burla. Ejemplo: “Por si ocupan les vengo manejando lo que viene siendo que le dicen y así yameolvidéquéfuck jaja!”. Con algo de suerte, algún día olvidaremos que nos burlábamos de lo pendejas que eran esas muletillas y serán asimiladas por el lenguaje cotidiano. Otro consejo: rematar las actualizaciones siempre con un hashtag, tenga o no ondita.

Como se puede ver, el rockstar tiene, entre sus muchas e importantes misiones en la vida, la de reescribir el diccionario de la lengua castellana. En estos diccionarios, “rockstar” tendría un significado: “Usuario de las redes que será recordado por la historia universal como un valiosísimo generador de profundos cambios en la sociedad”… Bueno, no me culpen a mí, esta es la definición que un rockstar escribiría de sí mismo. ¡Chale indeed!

Para rematar lo que respecta al lenguaje, un rockstar debe tener ortografía decente, pero jamás, ¡jamás!, deberá escribir de forma 100% correcta, porque no tiene ondita seguir las reglas de la RAE. Es decir, dárselas de buen redactor suckea.

Nota importante: Estarán negados a ser rockstars los que escriben como si atropellaran el teclado o como si su servicio de conexión a Internet les cobraran por caracteres enviados: “vdd k m kierez 1 chngo + 1 mnton?”. Estos tipos sí que son unos iletrados y son enemigos mortales de todo aquel que se precie de ser rockstar. Los groupies, haters, trollsbots que congenien con la elevada filosofía de los rockstars deberán bombardear con comentarios bullyies a estos subnormales.

Regla número 9 para ser un rockstar: No responderle a cualquiera.

Los groupies del rockstar siempre intentarán llamar la atención de su ídolo, por lo cual le enviarán información, fotos y mensajes solidarios por sus cruzadas personales. Pero cuidado, porque, en su intento por hacer que el rockstar les dedique unos bits de respuesta, tal vez el goupie logre que su rockstar favorito lo bloquee por stalker, es decir, goeeey que está bullyeando (chingando u hostigando) al rockstar.

El rockstar siempre tendrá un buen pretexto para no responderle a sus groupies: tiene taaaantos seguidores que, simplemente, se le pierden los comentarios entre los miles que recibe. Para redondear el pretexto, podrá decir: “Es que soy yo en persona quien mantiene sus redes. ¿O qué creían?… Yo no tengo un equipo de comunicación para hacerlo por mí, porque me parecería una falta de respeto para mis seguidores, ¡goeeeeei!”.

Regla número 10 para ser un rockstar: Tratar sólo los temas de moda y desecharlos rápido.

La reacción del rockstar ante las noticias debe ocurrir antes de que estas despierten la atención del vulgo internetero. Generalmente son minutos. Para el rockstar, una noticia con un día de antigüedad suckea tanto como el bote de basura de una pescadería.

Regla número 11 para ser un rockstar: Escribir con autoridad.

Nada de hacer comentarios que empiecen con “Pienso que” o “Creo que”. Aunque tengas duda de lo que dices, tú deja venir con todos los huevos en la canasta lo que quieras expresar. Por lo tanto, asegúrate de escribir aseveraciones contundentes y, si quieres, añade al final un hashtag reafirmante (y no es crema) #HeDicho, #QueLeDicen, #AquiNomasMisChicharronesTruenan, #SeCallanPendejos o #yPuntoCuleros.

Regla número 12 (pilón) para ser un rockstar: Combinar los tipos de personalidades de los usuarios de las redes sociales, para no encasillarse en un estilo.

Los tipos son, según Adrian Chan (clic aquí):

El buscador de estatus.

El crítico.

El socializador.

El que no suelta el micrófono.

El acechador (que lee lo que todos escriben pero no participa).

El amigo de todos.

El creativo.

El que está bien enterado de todo.

El rebelde.

El orador.

Seguramente hay otros tipos, pero eso es tema de otra entrada de algún blog perdido en la inmensidad de Internet.

Remate final de la nota, al estilo de canción ranchera:

¡Tan, tan! (a modo de desenlace, pretensiosamente con ondita, porque a este autor le dio pereza escribir más).

Blogg off!, #queledicen.

6a. revisión: 31 de octubre 2012.

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“Muerte” y fama de Glenda Monster

Con Internet como testigo, una adolescente brasileña anunció que se quitaría la vida. Tres semanas después, todo hace suponer que fue un engaño.

[Comentario social] [Alcance geográfico: Latinoamérica] [Advertencia: los hechos que originaron esta historia en sí no son muy relevantes, pero sí los alcances de un rumor. Para leer con paciencia]

Supuesto retrato de Glenda Monster.

La noche del día de San Valentín, en la red de microblogueo Twitter, uno de los trending topics no era de amor, sino más bien de luto: “R.I.P. Glenda Monster”. Supuestamente, una joven brasileña, fanática de Lady Gaga, se había suicidado dos semanas antes, para escapar del hostigamiento (bullying) que sufría por haberse declarado bisexual. Pocos de los que retransmitieron el tema tomaron en cuenta que el origen de la historia provenía de rumores de twitteros, y que no existía ningún dato comprobable.

Los supuestos hechos comenzaron el 31 de enero, cuando una joven que se hacía llamar @GlendaMonster se despidió de quienes la seguían en Twitter. Aquel 31 de enero, Glenda le envió varios mensajes de despedida a su novio con un tono similar al siguiente: “Por favor no me olvides, ¿de acuerdo? Te amo”. A Lady Gaga, su objeto de adoración, le dedicó también otros. “¡Gracias porque me has enseñado muchas cosas. Te quiero mucho, espero verte algún día en el paraíso!”, escribió Glenda. Ante la pregunta de otra usuaria, “¿Qué vas a hacer?, ¿matarte?”, respondió “¡Sí! Adiós”. Finalmente, poco antes de la medianoche, Glenda escribió “#MonsterOff Forever” (monstruo fuera de línea por siempre) y a partir de ese momento su timeline se quedó en “silencio”.

Glenda declaraba en su mini biografía de Twitter que era de Manaos, del estado brasileño de Amazonas, y que era una “pequeña monstruo”; es decir, adoradora de Lady Gaga. La cantante neoyorkina se hace llamar a sí misma “monstruo” y nombra de igual manera a sus seguidores.

Timeline de Glenda Monster en Twitter, el día de su supuesta muerte.

Hacia el día de San Valentín, un improvisado memorial en Twitter acumulaba incontables notas de lamentos por Glenda.

En los días siguientes fue cuando se divulgó el rumor que iría creciendo al paso de los días: el primero de febrero Glenda se había cortado las venas y después se ahorcó. Casualmente, el asunto se hizo conocido en todo el mundo el día de San Valentín. Para entonces, un improvisado memorial en Twitter acumulaba incontables notas de lamentos por Glenda, así como una fuerte condena contra los hostigadores, bajo el lema Bullying is for losers. Los rumores se reforzaron con las “noticias” de medios poco serios, que no explicaban bien los sucesos o, de plano, los daban por hecho. ¿Dónde quedó la obligación de verificar?

Ante los fuertes rumores de la “muerte” de Glenda, se esperaba alguna declaración de Lady Gaga, quien apoya a la comunidad lésbico-gay y transgénero, y mantiene una postura en contra del acoso. En otros casos de suicidios de homosexuales por bullying, Gaga ha hecho declaraciones; pero no esta vez. Hasta tres semanas después del “suicidio”, no existía ninguna prueba de que en realidad Glenda se hubiera quitado la vida –excepto en los timelines de Twitter–. Ningún periódico local ni nacional de Brasil lo confirmó.

Mike, el novio (que se hace llamar @Mike_Henrique10 en Twitter), convertido en vocero de la “difunta”, aseguró que Glenda había sufrido hostigamiento y que previamente había tratado de quitarse la vida, antes de que ellos se conocieran. Por él también se sabe que Glenda tenía supuestamente 15 años y que su apellido era Souza. Mike, que declara vivir en Ocara, Ceará, Brasil, expuso en Twitter que había sido novio a distancia de Glenda un mes y medio, y que fue una prima de Glenda quien le relató mediante un mensaje de texto de teléfono móvil (SMS) la muerte de ella y los sucesos posteriores. Es fácil suponer que Mike no asistió al funeral, debido a la distancia que separa Ocara de Manaos: unos 4,100 km por carretera.Poco después de la desaparición de Glenda, Mike había olvidado el luto y se consiguió otra ciber-novia. Se justificó diciendo: “Glenda hubiera querido que siguiera mi vida y que fuera feliz”.

La versión del suicidio era tan sospechosa como la falta de un dato contundente para probarlo. Hasta tres semanas después, Mike no había podido corroborar los hechos, debido a que “perdió el SMS” de la prima de Glenda.

Mike Henrique, el novio viudo.

El 16 de febrero en la madrugada, alguien comenzó a escribir desde la cuenta de la “difunta” @GlendaMonster.

Si de por sí era confusa la situación, esta empeoró con la presencia de una usuaria que era supuestamente prima de Glenda, de quien se sospecha que es la misma Glenda. Según reportó @cubamar, Glenda y su “prima” declararon tener exactamente el mismo mail y saludaban diariamente diciendo “¿Alguien para conversar?”. La foto del avatar de Glenda (Lady Gaga) es la misma que usa su “prima” en el fondo de su perfil. El día que Glenda se despidió, solicitó dos veces que siguieran a su “prima”.

Para empeorar las cosas, a partir del 16 de febrero en la madrugada, alguien comenzó a escribir desde la cuenta @GlendaMonster. Estos tweets provenían de un dispositivo móvil, no de uno fijo, como todos los que escribía Glenda antes de su “mensaje final”. Mike aseguraba que esto era obra de hackers. El 20 de febrero, una supuesta amiga de la “difunta” escribió desde la cuenta @GlendaMonster. La “amiga” afirmó haber dado de alta la cuenta para Glenda y, debido tal motivo, conocía el password para tener acceso. Confirmó que la joven sí se había suicidado, otra vez sin datos contundentes. Ese mismo día, la cuenta fue cerrada definitivamente.

Todos esperan que aparezca la prima de Glenda que le mandó el SMS a Mike. “Ella es la única que puede esclarecer el caso”, repite el novio viudo una y otra vez en su timeline de Twitter. Él niega con vehemencia que haya fraguado un engaño. “Sólo quiero recuperar mi vida normal”, declaró en la red de microblogueo. Sin pruebas serias, Mike parece muy inocente al defender la teoría de que Glenda se suicidó. Sin embargo, a falta de evidencias, lo único que se puede afirmar con certeza es que la joven de Manaos cometió un suicido virtual. El novio viudo pide paciencia para aclarar las cosas; pero, a medida que pase el tiempo, nuevos trending topics irán inundado Internet y, en pocas semanas, Glenda Monster habrá sido sepultada por terabytes de información, en algún mausoleo de Internet.

Sólo una nota, a modo de tardío prefacio.

Este año empecé a dar clases a jóvenes de nivel universitario, y buscaba para la clase una nota de periódico para que sirviera de ejemplo de las preguntas básicas para redactar (quién, qué, cómo, cuándo, dónde, etc.). Cuando me topé con el trending topic “R.I.P. Glenda Monster” en Twitter y leí la primera noticia acerca del caso, por la redacción supe que había algo sospechoso.

“Según reportes en la red social, la chica originaria de Brasil habría cometido suicidio cortándose las venas y ahorcándose.”, dice la nota de un sitio llamado SDPnoticias que, sin decirlo claramente, hablaba de un pasado hipotético. La “noticia” se puede encontrar aquí.

Esta noticia no pudo haber resultado mejor para darles un ejemplo a mis alumnos; pero un ejemplo de periodismo que no se debe seguir. Algunos sitios daban por ciertos los hechos, y reforzaban en la gente común la sensación de que el suicidio de Glenda era cierto. La única noticia de Glenda tratada de manera seria la encontré escrita en inglés. Hela aquí.

Mis “irrespetos” para toda esa panda de imbéciles que se hacen llamar “periodistas”. Si de plano es mucha su holgazanería para averiguar del oficio del periodismo, por lo menos deberían tener una pizca de sentido común.

Conclusión y otra nota, debido a la revisión del 25 de febrero de 2012.

Cambié en el artículo las alusiones a una “llamada telefónica” por “mensaje de texto de teléfono móvil (SMS)”. Gracias a @cubamar por la precisión y por los datos de la “prima”.

En un inicio me causó obsesión el caso que trata este artículo, a tal grado que la madrugada del 16 de febrero estaba frente a mi computadora revisando los timelines de los involucrados para recopilar datos; fue entonces cuando, en tiempo real atestigüé la “resurrección” de la cuenta de @glendamonster . Pero seguir de cerca el desarrollo de los sucesos posteriores al supuesto suicidio hubiera requerido varios días completos de mi completa atención, lo cual no podía hacer, debido a que tengo otras ocupaciones. Mi objetivo de buscar una nota para mis alumnos estaba más que resuelto. También había encontrado las razones por los cuales las notas periodísticas de Glenda Monster eran una basura. Yo no estaba dispuesto a dedicarle más tiempo a lo que era obvio: estábamos ante un engaño más de Internet.

A pesar de todo, no me uno a la crucifixión pública de Glenda y Mike. Es evidente que Glenda necesita algún tipo de atención (por lo menos, de su familia) y Mike está obstinado en defender un hecho indefendible. Pero estamos hablando de unos jóvenes de 15 años, a quienes les falta desarrollarse para alcanzar una madurez emocional.

Desde mi punto de vista, prefiero ser autocrítico y señalar que el resto de nosotros, los usuarios de las redes, somos los responsables de difundir rumores como el del supuesto suicidio de Glenda Monster. Con suma facilidad hacemos grandes los rumores mediante un simple retweet. Lo hacemos sin mala fe, pero también sin la precaución de averiguar si los hechos son ciertos. Me declaro culpable también, ya que estoy ahora aquí dedicando tiempo a escribir del tema.

Por otra parte, veo innecesario obligar a que un par de adolescentes confiese su culpa. Las pruebas que tenemos del supuesto engaño son circunstanciales, al igual que las pruebas que ellos han proporcionado del supuesto suicidio. Esto es, la mayor prueba que tenemos del supuesto engaño es la falta de pruebas físicas o documentales del supuesto suicidio. Con toda intención menciono “supuesto”, porque ninguno de los hechos me consta. Harían falta pruebas, que sólo alguien que se encuentre en el lugar de los hechos (Manaos) puede recopilar.

También me pareció innecesario seguir el caso después del lunes 20 de febrero, ya que no preveía que ocurriera algo relevante para esclarecer el caso.

Dejemos descansar en paz el caso de Glenda Monster, ¿ok? Y aprendamos la lección.

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