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Autos compartidos o el mejor coche es el ajeno

Si necesitas un automóvil, ¿es indispensable poseerlo o más bien requieres usarlo? Un sistema de compartición permite disfrutar de un coche –es decir, usarlo– sin tantos gastos ni las molestias de poseerlo.

[Alcance geográfico: México] [Tema: Autos, carros, coches compartidos, renta ocasional] [Advertencias: Si usas algo ajeno, cuídalo como si fuera tuyo.]

Los sistemas de autos compartidos (prefiero llamarlos de “renta ocasional”) que existen desde hace años en Europa y Estados Unidos resultan ser muy prácticos. Los usuarios llegan a uno de los puntos de recolección, abordan el automóvil y parten a cumplir sus compromisos. Una vez que terminan de usar el auto, lo devuelven en alguna de las estaciones del sistema, la misma en donde lo recogieron o en otra. Los usuarios pagan una tarifa por usar el auto y no tienen qué preocuparse por las cuotas de un crédito, los gastos de mantenimiento, impuestos, seguros, etcétera.

Como bien se dice entre los adeptos a los sistemas compartidos, cuando requieres barrenar una pared, el fin último es el barreno, no la posesión de un taladro (gracias @alberto_vb_ por compartirlo). Lo más común es que ese taladro que sirve para barrenar, muy probablemente, permanecerá almacenado en algún lugar de nuestros hogares, durante largas temporadas, sin usarse. En las raras ocasiones que sea necesario, el taladro será desempolvado y se usará para barrenar una pared, piso o algún material.

Con los coches pasa algo un similar, aunque en menor proporción. El orgulloso dueño abordará su automóvil cada mañana y saldrá rumbo a su lugar de trabajo; estacionará su valiosa posesión y cumplirá la jornada laboral; quizá la usará ocasionalmente para salir a cumplir tareas o a comer o, al finalizar su jornada, para ir a socializar. Llegado algún momento del día, regresará a su casa y estacionará su automóvil, en espera de los traslados del día siguiente.

Del total de horas del día, ¿cuánto tiempo utilizas tu coche? ¿Dos, tres, seis, ocho horas?… A menos que seas vendedor, ajustador (tasador) de seguros, patrullero o chofer de taxi (coche de alquiler), lo más probable es que tu automóvil permanezca inmóvil por lo menos 16 horas diarias.

La renta ocasional permite ahorrar.

Hay quienes están considerando los sistemas de autos compartidos como un asunto de racionalización de inversiones y no tanto como un lavado de conciencia ambiental. Tal como el ejemplo del taladro, lo que se necesita de un auto es que nos transporte, no necesariamente poseerlo. Obviamente, algunos preferirán seguir presumiendo que tienen tal o cual coche de prestigiosa marca, pero tal comportamiento no es de la incumbencia de este artículo.

Poseer un automóvil es muy costoso. Para un padre o madre de familia, los costos directos de un automóvil pueden consumir fácilmente 15% de sus ingresos. Estos padres de familia tal vez gasten más en renta de una casa, en comida o en colegiaturas, pero los gastos del auto nunca serán despreciables. Para una persona sin hijos y con una vivienda propia, los costos de auto pueden representar 30% del total de sus gastos. En esta estimación se deben sumar todos y cada uno de los costos, los lavados y propinas inclusive. En el cálculo, muchos olvidan la depreciación que, en resumen, es el precio que se paga por el coche nuevo, menos lo que se obtiene cuando se revende, después de pocos o muchos años de uso. ¿Tú has calculado cuánto gastas en coche?

Y si divides los costos del auto entre las horas que lo usas (es decir, las horas que el auto te moviliza a ti), el precio por hora de uso se aleja de la definición de “racional”.

Compartir coche, en cambio, permite olvidarse de las muchas obligaciones de poseerlo. Ni siquiera es necesario preocuparse de tener un espacio para estacionarlo por las noches. Reparaciones, mantenimiento, lavados, depreciación, cuotas para comprarlo, seguros, impuestos y revisiones gubernamentales se pueden ir derechito al carajo.

Los sistemas de renta ocasional, más conocidos como autos compartidos, están seguramente entre las opciones de movilidad para el futuro; aunque, como todos sabemos, no son nada nuevo en países del Primer Mundo.

Considero que aquellos que suplen la falta de un coche particular con translados diarios en taxi no están resolviendo su movilidad de la mejor manera porque: 1. Transportarse a diario en taxi es costoso. 2. No están evitando la saturación de tráfico. 3. Quedan expuestos a arbitrariedades y malas costumbres de conducción del taxista.

Las diferencias entre un sistema de autos compartidos y uno de renta tradicional son: 1. El mayor tiempo y burocracia necesarios para contratar la renta tradicional de un coche. 2. El mayor costo de la renta tradicional.

Mi caso particular.

Desde hace tres años, cuando dejé el trabajo fijo y me independicé, comencé a transportarme más en transporte público, en bici y a pie. Muchas veces es más cómodo llegar a pie a zonas sobrepobladas de autos, en lugar de sufrir por un espacio de estacionamiento, por el pago de éste o por tener qué cuidarse de que los estacionadores maltraten el coche o se roben pertenencias o partes.

Si cuando yo acudía a una oficina usaba mi auto en días laborales dos horas en promedio, en mi nueva situación laboral usaba el auto dos horas a la semana.

Hará unos nueve años, en la revista Autoplus (que tuve el honor de dirigir) mi entonces jefe sugirió una comparativa entre automóvil, motocicleta y transporte público, de la cual concluí que lo mejor era combinar. Ahora, en la vida de freelance, lo vuelvo a comprobar.

He de aclarar que vivo en una zona céntrica, en la que es fácil desplazarse. Por estar de moda, mi barrio es un punto de encuentro, en el que, por lo mismo, es difícil encontrar lugar de estacionamiento. Los medios de transporte son abundantes y bastante eficientes en mi zona: en 2 km a la redonda tengo tres líneas del Metrobús (un sistema estilo Bus Rapid Transit), dos líneas del Metro, una línea de camiones eléctricos (Trolebús) y el sistema de bicicletas compartidas (Ecobici). Soy fanático usuario de todos ellos y, además, camino.

Por tales motivos, mi auto se convirtió para mí en una posesión superflua, un activo fijo con un costo elevado en comparación con la utilidad que me brindaba. Aunque en otros países existen seguros por los que se paga sólo cuando se usa el coche, en México no hay tales, así que, a pesar de que mi auto permaneciera estacionado la mayor parte del tiempo, yo debía pagar el seguro irremediablemente, igual que afrontar muchos otros gastos. Debido a que no tengo un lugar de estacionamiento propio (y también a motivos que no vale la pena explicar aquí), el pago de una pensión era necesario para mí. En sus prolongadas estancias en la pensión, el polvo y la lluvia hacían que me preocupara además por la limpieza, aunque fuera de vez en vez.

Llevaba varios meses pensando en la posibilidad de no tener coche. Me decidí cuando comencé a llevar un balance mensual de gastos, el cual hizo evidente que mi auto era muy costoso en comparación con la utilidad que brindaba a cambio. Entonces vendí mi automóvil.

Autos compartidos en México: el caso Carrot.

Un buen día, no hace mucho, un amigo me presentó un nuevo sistema de autos compartidos en México, llamado Carrot (enlace aquí). Consulté las condiciones de uso y costos, y me inscribí de inmediato. Pagué los primeros tres meses de membresía con tarjeta de crédito. Esperé cuatro días para recibir una tarjeta con transpondedor, que es mi “llave” para ingresar a los autos de Carrot.

Por pertenecer al sistema, la empresa cobra una membresía de 300 pesos trimestrales (22 dólares). Por cada hora que el usuario use un auto, pagará 90 pesos la hora (6.50 dólares), que incluye el costo de la gasolina. Si el usuario lo prefiere, puede rentar el auto por día por 720 pesos (52.20 dólares). Por cada hora apartada, el usuario tiene derecho a recorrer hasta 15 km. Cada kilómetro adicional cuesta 1.50 pesos (10 centavos de dólar). Al igual que la gasolina, el seguro y todos los demás costos de mantenimiento e impuestos del auto están incluidos.

Agendé un auto para “estrenarlo” tres días después, para cumplir tareas diversas. Llegúe puntual al sitio de recolección y ahí estaba esperándome un Nissan March blanco con transmisión automática, acondicionador de aire, equipo de sonido, dirección asistida y elevalunas, bloqueo de puertas y espejos eléctricos.

La tarjeta llave se acerca a un detector en el parabrisas y las puertas del March se desbloquean. Una vez adentro, una pequeña computadora colocada junto al espejo solicita  al usuario un número de identificación, sin el cual el motor no arranca. La llave de ignición espera en la guantera para arrancar el auto.

El tiempo de préstamo debe agendarse forzosamente a través de Internet. Si el usuario considera que usará el auto más tiempo de lo originalmente planeado, tendrá que hablar para negociar una extensión de tiempo, si es posible. Una demora en la entrega se castiga con multas o suspensión de la membresía. En caso de un choque, el usuario deberá notificar a Carrot y a la aseguradora y, dado el caso, pagar el deducible.

Todo el préstamo del Carrot transcurrió maravillosamente y hay pocas mejoras que pudiera sugerir por el momento. Hasta lo que puedo ver, la empresa es muy joven y somos pocos los usuarios inscritos. A medida que haya más usuarios, supongo que la logística afrontará algunos retos.

Recomendaciones.

Hay un chiste que circula entre mucha gente y que entre los periodistas de autos se escucha comúnmente: “¿Sabes cuál es el mejor coche?”, pregunta retóricamente el chistoso y luego contesta: “el ajeno”, es decir el que no le pertenece a uno. La pregunta incial puede variar, pero siempre se refiere al abuso de un automóvil por el que un usuario no pagó. Mucho temo que los Carrot terminarán siendo víctimas de los que comulgan con la idea de que el mejor coche es el ajeno, y que no lo cuidarán.

Mi recomendación para los usuarios es simple: Si usas algo ajeno, cuídalo como si fuera tuyo.

Otras consideraciones.

El Nissan March parece ser una buena opción para un sistema de autos compartidos, que están pensados para trayectos urbanos. El March es maniobrable, tiene suficiente espacio interior y es relativamente ahorrador de gasolina.

Es curioso que la gente asocia los sistemas compartidos con autos ecológicos y daré mi punto de vista al respecto: Por principio de cuentas, queda siempre en entredicho qué es ecológico y qué no, ya que los automóviles híbridos, como ejemplo de transportes “verdes”, consumen menos gasolina, pero utilizan baterías, cuyo ciclo de vida de la “cuna a la tumba” tiene un importante impacto ambiental. También hay que resaltar que un auto es ecológico si el conductor lo es; o sea, debido a los hábitos de conducción se puede o no ahorrar gasolina.

Pero el factor más importante es el costo. El Prius cuesta en México la friolera de 438,900 pesos (unos 34,000 dólares), mientras que un modesto March (como los del sistema Carrot) cuesta 163,300 pesos (11,800 dólares). Con lo que cuesta el Prius y 1,500 dólares adicionales alcanzaría para tres March. Ambos precios son de mayo de 2012.

Bajo las mismas condiciones de uso, el March jamás se le acercará al rendimiento de gasolina del Prius. Ni siquiera la versión europea del March con motor de 1.2 litros se le compara al Prius. Y debido a que la cantidad de gasolina que un motor consume es directamente proporcional a la cantidad de contaminantes que emite a la atmosfera, entre menos consuma un auto, más ecológico será. Al final de este artículo encontrarás una tabla comparativa de consumos y emisiones de CO2 del March y del Prius.

Obviamente, para ofrecer una flotilla de Prius en lugar de los Nissan March de Carrot, la empresa debería cobrar cuotas de renta más caras.

Epílogo.

Tal vez en un futuro necesitaré comprar un automóvil propio; pero, por ahora, mi mejor opción es un sistema de renta ocasional (o autos compartidos). Poco a poco, la modernidad parece estar llegando a México y una muestra es la empresa Carrot. Quizá pronto se le ocurrirá a alguien hacer un negocio de renta ocasional de taladros y otras herramientas, a la cual me inscribiré gustoso.

Enlaces y anexos.

Página oficial de Carrot México.

Tabla comparativa de consumos.

Auto km/l l/100 Consumo en: Emisiones gr CO2 / km
1 Nissan March 1.2 europeo 23.3 4.3 ciudad/carretera oficial 99
2 Toyota Prius 25.6 3.9 oficial ciudad/carretera 90
3 Toyota Prius 21 4.8 ciudad, mundo real* 111
4 Toyota Prius 17.9 5.6 ciudad/carretera, mundo real* 130
5 Nissan March 17.5 5.7 oficial ciudad/carretera 133
6 Nissan March 14.3 7.0 ciudad/carretera, mundo real* 163
7 Nissan March (Carrot) 11.4 8.8 ciudad, mundo real* 205

Los consumos oficiales que publican las empresas constructoras de autos suelen ser muy optimistas y bastante alejados de lo que obtiene un usuario promedio. Debido a ello, en la tabla se proporcionan cifras de pruebas realizadas en condiciones más parecidas a las normales, las cuales se marcan con  la leyenda “mundo real” y un asterisco (*).

Entre todas estas cifras, las que mejor sirven para comparar el March y el Prius son la 6 y la 4. La 6 corresponde a una prueba de manejo en ciudad/carretera en México y la 4 es de Estatos Unidos, también en ciudad carretera. Sin embargo, hay que considerar que son sólo referencias, ya que una comparativa directa debería hacerse bajo las mismas condiciones.

En la fila 7 de la tabla está la medición según la computadora de viaje del March de Carrot, durante mi recorrido en ciudad.

Referencias Internet:

1. Consumo de un Nissan March europeo, con un motor de 1.2 litros, que se usa sólo de referencia.

2. Consumo de un Toyota Prius europeo, medido con los métodos de Europa.

3. Consumo obtenido por dueños del Toyota Prius, según un foro en Internet.

4. Consumo del Toyota Prius, según mediciones de la revista estadounidense Car and Driver.

5. Cifras oficiales de consumo del March, según Nissan Mexicana.

6. Consumo del Nissan March, según una prueba en México.

5a. revisión: 2 de julio 2012.

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