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Día de la bicicleta, tiempo de ganarse el respeto

Conforme crece, cualquier adolescente debe demostrar que se ha vuelto responsable, para ganarse el respeto de los mayores. Es hora de que los ciclistas demuestren madurez para conseguir el respeto de choferes, peatones y autoridades.

Bicicletas UNAM

[Alcance geográfico: Ciudad de México, México (República) y Latinoamérica] [Tema: Ciclistas y convivencia ciudadana] [Advertencias: 1. Artículo de propuesta y crítica. 2. Artículo largo, para buenos lectores]

Antes de cualquier preámbulo, aquí va una propuesta: Darle a las bicicletas un claro estatus legal y tomar las medidas necesarias para que los ciclistas se comporten como ciudadanos con responsabilidades serias y gocen de derechos plenos.

La motivacion de esta propuesta se debe a que, hasta el momento, las bicicletas son consideradas como juguetes, artículos recreativos o medio de transporte de gente con un estilo de vida alternativo. Pero no son consideradas como vehículos comparables a un automóvil. Por lo menos eso es lo que observo que ocurre en México.

Por ahora, los ciclistas carecen de la educación suficiente para cumplir sus obligaciones y, por lo tanto, no están en condiciones de exigir sus derechos. Los ciclistas deben saber que una bicicleta es considerada legalmente un vehículo y, por lo tanto, deben ceñirse a los reglamentos de tránsito.

Un “choro” de preámbulo (Si quieres, sáltatelo y ve al siguiente subtítulo).

Antes de avanzar más en este tema, he de confesar que siempre quise dedicarme profesionalmente a los automóviles: diseñarlos, ayudar a construirlos o escribir sobre ellos. Y a pesar de que he vivido por muchos años de la industria de los autos, nunca he dejado de soñar con vivir un lugar en el que pueda desplazarme en bicicleta a mis actividades diarias.

Desde que aprendí a andar en bicicleta, la convertí en uno de mis objetos de adoración. Siendo un niño, podía pasar pedaleando el día entero durante las vacaciones. A veces emprendía largas incursiones en los campos despoblados que colindaban con mi barrio, que luego serían ocupados por otros nuevos barrios y complejos comerciales.

En mi adolescencia no perdí la costumbre de pedalear, y no la abandoné cuando entré a la universidad, ni cuando conseguí mi primer trabajo formal. Al trabajo y a la universidad iba cuantas veces podía en mi bicicleta.

De las cinco bicicletas que he tenido, la tercera fue la que más kilómetros recorrió. A esa bicicleta no sólo le cambié llantas, cámaras, cables y zapatas de frenos, sino también la tijera delantera, el sistema de transmisión completo y hasta el cuadro, ya que éste se acabó rompiendo por el uso. Las únicas piezas originales que sobrevivían eran el manubrio, el poste del asiento, los rines y las manijas de los frenos.

Esa tercera bicicleta me la robaron en el Parque Ecológico de Xochimilco, en el sur de la Ciudad de México. Hacía algunos meses que no había podido usar mi bicicleta, y un día me monté en ella, me puse el casco y salí para liberarme del stress que tenía acumulado. Dentro del parque rodé por la pista pavimentada, relajado por no tener que cuidarme de automóviles. En un extremo solitario del parque me encontré con un peatón que caminaba enmedio de la pista y que, al pasar junto a mí, me dio un empujón, que me hizo salirme fuera del pavimento y hacia un pasto crecido. Un segundo truhán se acercó y, ante mi imposibilidad de huir con mi bicicleta, no tuve más remedio que cedérselas. Más tarde me enteraría de que en esa fecha se celebraba el día mundial de la bicicleta.

Pronto compré una bicicleta para sustituir la que me robaron. Comencé a frecuentar más las pistas off-road del cerro del Ajusco (dentro de los límites del Distrito Federal), que los ejidatarios locales acababan de organizar bajo un régimen de pago por uso. En años más recientes, me hice asiduo de la ciclopista construida sobre las vías del antiguo tren a Cuernavaca. Me gusta esa ruta porque se parece a las carreteras de la mitad del siglo pasado, de las que contaban los abuelos, y en las cuales los automovilistas circulaban tan lento, que podían verse las caras cuando se encontraban de frente.

He dejado de andar en bici por temporadas, debido a las obligaciones laborales; pero, nunca he permitido que haya un distanciamiento prolongado con el objeto de mi adoración. Eso sí, durante mis años de ciclista, nunca he tenido compañeros permanentes, porque casi todos toman el ciclismo como moda o dejan que la vida los aleje de la bici. Actualmente soy usuario asiduo de un sistema de bicicletas compartidas (Ecobici), que uso para ir a citas, compras y trabajo.

Buenas intenciones y la cruda realidad: hay una guerra civil.

Aquellos de ustedes que viven en la Ciudad de México, o la visitan con frecuencia, seguramente habrán notado la revolución del transporte que se ha venido obrando desde hace más de un lustro aquí. Por una parte, se construyó el segundo piso del Periférico (una obra absurda, pero de la cual no hablaré más por ahora) y, por otra, fue inaugurada la primera línea de un sistema estilo Bus Rapid Transit, llamado en la capital mexicana Metrobús.

También se puso en marcha el programa de bicicletas compartidas Ecobici, y el Gobierno del DF organiza frecuentemente paseos ciclistas. Estos dos programas tienen como objetivo promover el uso de la bicicleta, lo cual es en sí un indicio de buenas intenciones, pero las estrategias no son las adecuadas.

Para decirlo bien claro, aplaudo la iniciativa de la Ecobici, pero me declaro en contra de los paseos ciclistas.

Me declaro en contra porque no me parece que un paseo dominical sea un aporte para educar a las nuevas generaciones de ciclistas, que tendrán que usar en un futuro cercano la bicicleta como un medio de transporte, tal vez de manera obligatoria. El error de la estrategia (si se le puede llamar así a algo de lo que no se pensaron las consecuencias) de organizar paseos ciclistas consiste en que la gente asociará inevitablemente la bicicleta con actividades recreativas, de ocio o de ejercicio, no de transporte serio.

Para reforzar el estigma “recreativo” de la bicicleta, éste se implanta en la memoria de los usuarios desde que van a comprarse una bicicleta, ya que estas suelen encontrarse junto a un kayac o una caminadora, en la sección de deportes de los almacenes comerciales.

Si ya era difícil desligar a la bicicleta de su ambiguo estatus de estorbo de las calles o de paria del tránsito, los paseos ciclistas no mejorarán esa imagen, ni harán que sus usuarios tomen plena consciencia de que las bicicleta es un vehículo sujeto a las mismas reglas de los automóviles. Y los ciclistas tampoco conseguirán el respeto que exigen de los conductores de otros vehículos.

Hace algunos meses platiqué acerca del transporte sustentable con periodistas latinoamericanos. Ante la queja de un mexicano, “El otro domingo quería pasar la avenida Reforma y fue un lío, debido a un paseo ciclista”, un periodista colombiano respondió: “Lo único que se logra así es confrontar a los ciclistas con los automovilistas”. La confrontación a la que él se refería existe, y aunque es obvia y la sufrimos todos, los ciudadanos la tomamos como algo cotidiano: en las vías públicas de México se libra una guerra civil, y como tal, es de ciudadanos contra ciudadanos. En esta batalla campal participan choferes de automóviles particulares; taxistas; conductores de camiones ligeros; conductores de camiones pesados y maquinaria; ciclistas; motociclistas, y una larga lista de otros.

Sección de quejas.

Ante el conflicto civil que describo, confieso que a veces siento el impulso de participar bélicamente y salir a las calles con un tanque de guerra. Afortunadamente, sólo siento el impulso, porque jamás me atrevería a comportarme incivilizado en el tráfico. No obstante, me asusta pensar cuánta gente siente el impulso y actúa llevado por sus instintos de agresividad.

En particular, en las últimas fechas he querido apuntar mi hipotética artillería contra los ciclistas, que se sienten como si fueran un caso excepcional en el tráfico. Inconscientes de toda responsabilidad, los ciclistas circulan en sentido contrario en las calzadas; sin cuidado alguno circulan sobre las banquetas; obstruyen los pasos peatonales; se pasan los semáforos en alto, y cometen todo tipo de infracciones al reglamento de tránsito. Se escudan, quizá, en su vulnerabilidad para no cumplir las reglas.

Y así como la estupidez tiene dos facetas, la pasiva y la activa, en un extremo del espectro de la falta de inteligencia están los ciclistas que podrían morir atropellados por cometer una idiotez y, en el otro extremo, los que combinan la imbecilidad con malicia; estos son los “pasados de listos”. Ambos impiden una convivencia armónica en las calles. Ambos son nocivos.

Los peatones y conductores (de bicis, motos, coches, camionetas  o camiones) ahora deben cuidar y cuidarse de la nueva generación de ciudadanos ciclistas, que están preocupados por el medio ambiente, pero que no se ocupan de su entorno inmediato ni del resto de ciudadanos que transitan en la ciudad; ni siquiera se ocupan de cuidar su propia integridad, inconscientes de que, por incumplir las reglas, también ponen en riesgo a los demás.

No menos nocivos son los ciclistas que van tranquilamente paseando por la calle, sin mirar a su alrededor y sin mantener una trayectoria recta, como si fueran en uno de los paseos dominicales que organiza el gobierno de la Ciudad de México. Es cierto que una bicicleta tiene derecho a ocupar un carril en las calzadas, pero debe hacerlo con plena confianza y responsabilidad. Pero, ¡vaya!, incluso en un parque o en una calle cerrada a los automóviles, sería conveniente mantener un pequeño grado de orden. Cada que veo inocentes ciclistas paseadores en las vías públicas, recuerdo aquel día mundial de la bicicleta, cuando yo paseaba cándida y despreocupadamente en Xochimilco, y que por ir distraído me robaron la bici. En las vías públicas, las distracciones pueden tener peores consecuencias.

También manifiesto mi desacuerdo en utilizar las carreteras de doble sentido para que entrenen los aspirantes a Lance Armstrong, que llevan un coche o camioneta atrás, resguardándolos y obstruyendo el libre paso de otras muchas personas. Cuando me encuentro estas caravanas avanzando a 5 km/h en carreteras con límites de 60 km/h, inevitablemente pienso que debe existir algún dios, que por milagro los mantiene a salvo. Estoy en desacuerdo porque una actividad de esparcimiento no debería anteponerse a la seguridad propia y de los demás, ni tampoco obstaculizar el libre paso de los demás.

En mi inventario personal de vehículos de los que hay que cuidarse, ahora se encuentran las bicicletas. Estamos ante una nueva generación de ciclistas que carecen de consciencia, incluso para proteger su propia integridad física. La integridad de los demás tampoco parece importarles.

Es un error común de los ciudadanos exigir sus derechos sin dar a cambio un elemental cumplimiento de sus obligaciones. Los malos ciclistas, igual que los ciudadanos inconscientes, deberían ganarse el respeto antes de salir a exigirlo sin merecerlo.

Al parecer, los mexicanos estamos condenados a vivir caóticamente, víctimas de nuestra propia incapacidad para convivir de manera armónica.

Un último consejo: Un buen ciclista debe pensar como si fuera a bordo de un automóvil y, por lo tanto, debe ajustar sus recorridos como si condujera un automóvil: seguir el sentido de las calles y respetar todas las demás reglas de tránsito. Es por su propio bien y por el bien de todos.

La propuesta desglosada.

Por lo anteriormente expuesto, propongo lo siguiente para la Ciudad de México:

1. Poner en marcha un registro de bicicletas, ligado a un número de serie del cuadro (y si no lo tiene, grabarle uno, a modo de VIN). Ahora mismo, este registro sería complicado y costoso de hacer, pero resultará imposible dentro de algunos años, en medida de que proliferen más las bicis. Entonces, cualquier intento de empadronarlas será una tarea titánica.

2. Que las bicicletas porten matrículas de circulación, para que sus usuarios tengan plena consciencia de que son vehículos sujetos obligatoriamente a las mismas reglas de tránsito de los automóviles.

3. Echar a andar una fuerza policiaca ciclista, la cual esté capacitada y se encargue de hacer que los usuarios de bicicletas cumplan las reglas.

4. Implantar una revisión técnica para las bicicletas, con el mismo esquema que las verificaciones obligatorias de automóviles, para asegurarse de que cumplen las normas de seguridad.

5. Poner en marcha programas de educación vial en las escuelas de niveles básico y medio. Que estos programas traten a la bicicleta como un vehículo, no como un juguete que se regala de Navidad o de cumpleaños. Posteriormente, esta educación vial sería útil para conducir cualquier vehículo. Estoy plenamente convencido de que, si un ciclista aprende a hacer lo correcto, se convertirá en un buen ciudadano cuando conduzca una moto, coche o camión.

6. Instalar cámaras que “cachen” infraganti a los ciclistas infractores (las placas serían la forma de identificar a los infractores).

El registro de bicicletas, la fabricación de matrículas, la revisión técnica y hasta la policía ciclista y las cámaras, pueden solventarse mediante las multas y las cuotas de los mismos ciclistas.

Epílogo.

La bicicleta ofrece la alternativa más racional ante los futuros problemas de vialidad. Es bien conocido que México se está convirtiendo en un país urbano. Según datos del INEGI, en 1950, cerca de 43% de la población mexicana vivía en ciudades. Sesenta años después, en 2010, la proporción de habitantes que viven en áreas urbanas había llegado a casi 78%. Una tendencia similar ocurre en el resto de países del mundo. Para leer más datos al respecto, consultar el Diagnóstico de la movilidad en la Ciudad de México.

En contraste, el automóvil de uso personal, predominante hasta ahora, no ofrece un futuro sustentable. Está plenamente comprobado que la infraestructura para los automóviles es muy costosa de mantener y ampliar. En cambio, las bicicletas, mucho más ligeras y menos estorbosas, pueden circular por vías más angostas y que requieren menos mantenimiento que aquellas por las que transitan los autos y camiones.

Lo repito: la bicicleta es el futuro de la movilidad, junto con el transporte colectivo y los vehículos eficientes. En ese futuro deberá haber usuarios que demuestren ser responsables, para poder exigir sus derechos.

A few opinions from this blog entry were used for Global Voices (link below) and were translated to English, Polish and Italian.

On this regard, I have to correct an inaccurate translation:

“Even if it sounds like an ideal program, not every cyclist in Mexico City supports it. In the blog Prosa Poderosa (”Powerful Prose”) an anonymous blogger explains why he is against the “Ecobici” strategy”.

These words are inaccurate cause I’m not against the Ecobici strategy. On the contrary, I embraced the Ecobici system and really love it. I’m user of it since 2011.

What I don’t support are the Sunday morning recreational rides (“especially on Sunday mornings when City Hall closes major roads to gives the right of way to cyclists”). Find bellow what I wrote:

“To put it clearly, I applaud the Ecobici initiative, but I am against the organized cycling (Sunday) rides”.

My apologies if my description wasn’t clear enough.

P.S: Somewhere in my blog, my name appears: Rogelio Rivera-Nava (I’m not anonymous).

Mexico City Netizens Celebrate World Bicycle Day [En]

Mexico City Netizens Celebrate World Bycicle Day [En]

Internauci z Mexico City obchodzą Światowy Dzień Roweru [Polish]

Città del Messico: giornata mondiale della bicicletta [Italian]

4a. revisión: 2 de julio de 2012.

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